LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

lunes, 13 de mayo de 2013

UN FINDE DE PATEO: PERDIDOS POR EL XURÉS

Me gusta Ourense por cuatro motivos básicos: porque sus pueblos están bien conservados y son respetuosos con el entorno (Allariz, Celanova, Ribadavia, por citar algunos), por sus maravillosos paisajes, por su encantadora gente y porque se come de puta madre. Todo esto lo sé porque Ourense fue mi primer destino como profesora de secundaria y viví allí un año, en el que me dediqué a hacer turismo exhaustivamente. Para los que somos gallegos de mar, es una gran desconocida porque hasta hace pocos años Ourense quedaba tan a desmano que había que poner todos los santos en novena para acercarse hasta allí, a no ser que te llevaran motivos laborales o similares. Hoy en día hay autopista directa desde La Coruña (y también AVE)  y desde Pontevedra. Teníamos un fin de semana libre y me entró así como morriña, así que convencí al señor que duerme conmigo para acercarnos hasta allí con la sana intención de hacer un poco de senderismo por el Parque Natural do Xurés, comprendido entre el sur de la provincia y el norte de Portugal, y reserva de la Biosfera por su riqueza en fauna y flora, eso por no hablar de la cantidad de ríos que lo surcan.
Pero no todo va a ser andar, así que establecimos el cuartel general en Ourense capital con la insana intención de comer bien y salir de marcha, y como es bueno no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy, nada más llegar el viernes al mediodía aterrizamos para comer en uno de los restaurantes que más nos gustan de la capital: A adega do Emilio, situado junto al viejo puente románico, hoy peatonal. Nos dimos un paseo por las orillas del Miño para hacer boca, el día era fantástico (25 grados a la sombra) y las riberas del río han quedado francamente bien para caminar por ellas, e incluso para darse un baño en las Termas da Chavasqueira. A adega do Emilio ocupa las instalaciones de una antigua casa de labranza y tiene varios comedores, uno de ellos al aire libre. Todo un lujo en el centro de la ciudad. La carta es amplia y su plato estrella es la merluza, pero aunque está exquisita, si ustedes son carnívoros les aconsejo encarecidamente el solomillo de ternera, porque es pura mantequilla y tiene un sabor delicioso. Ojo, no es barato, pero la calidad de los productos es excelente y el servicio, impecable. Mejor reservar.
Para el que no quiera comer "de plato" las calles del casco histórico adyacentes a la catedral ofrecen una cantidad y variedad innumerable de tascas, bares y vinotecas para comer y/o cenar de tapas. Eso que los gallegos llamamos "ir de vinos", costumbre peligrosísima que puede acabar en franca melopea si no se tiene un poco de cuidado. La provincia tiene excelentes vinos con varias denominaciones de origen: Ribeiro, Ribeira Sacra, Godello, Valdeorras, Monterrei... el año que viví allí hice una cata exhaustiva de todos ellos (y de licor café). Total, que tras la siesta de rigor y una sesión de running por el paseo del Miño, nos dejamos caer por la zona para tapear un poco. Hacía una noche estupenda y media ciudad se había echado a las calles. Tras las tapas, un café en otro clásico de la ciudad, El Latino, y una copita en el Miudiño. Y a dormir, que al día siguiente tocaba senderismo. Lo hicimos en el hotel San Martín, que aunque fue muy bueno en sus tiempos, se está quedando obsoleto: ni siquiera tiene wifi, entre otras cosas.
Para llegar hasta el Xurés hay que coger la A-52 dirección Madrid y en una de las salidas (está perfectamente indicado) enlazar con la autovía de Celanova. Una vez allí, seguir por la N-540 en dirección a Bande. Bande, a 39 kilómetros de Ourense,  es la población donde me desburré yo como profesora y como conductora, acababa de llegar con la oposición aprobada y coche recién comprado. Esta carretera lleva directamente a Portugal y discurre a través de varios embalses, ya he dicho que es una zona cruzada por multitud de ríos, siendo los más importantes el Limia y el Cadós. Cerca de Bande hay una iglesia visigoda del siglo VII, Santa Comba, y los restos del campamento romano Aquis Querquenis, que quedan a la vista cuando las aguas del embalse de las Conchas se retiran.

A unos quince kilómetros de Bande hacia el sur, por la misma carretera, está el desvío a la población de Lobios, donde está el centro de interpretación del Parque do Xurés y donde comienzan algunas de las rutas de senderismo. Sólo en la zona gallega hay unas catorce, imagínense. Las hay para todos los gustos: cortas, largas, circulares, lineales, en bici, a caballo... Nosotros elegimos dos: la del río Mao para hacer por la mañana, unos 4 km, y la del río Caldo, unos 8 km,  para hacer por la tarde.
La ruta del río Mao transcurre pegadita a un típico río gallego, poco profundo y estrecho, con abundante vegetación, pequeñas cascadas y varios molinos en el recorrido. Bonita, pero nada que no puedas encontrar en las otras tres provincias. Es una ruta circular que no ofrece la menor dificultad.
Lo del río Caldo es harina de otro costal. Como pueden deducir, su nombre viene de que hay tramos donde el agua brota completamente caliente, ¡hirviendo!, y un listillo acotó una zona junto a lo que hoy es el balneario de Lobios para hacer una especie de piscina natural con agua mezclada y en la que hace años te podías bañar en cualquier época del año previo pago de veinte duros. El baño hoy en día es gratuito, creo. Y de allí sale la ruta, que al principio es muy fácil porque va pegada al río pero que luego se vuelve complicada porque transcurre por varias pozas y cascadas y para verlas hay que empezar a trepar monte arriba. Como cascaban unos 28 grados a las cinco de la tarde y habíamos comido copiosamente en Lobios, en El Lusitano (muy bien por cierto, y muy amables) sólo fuimos hasta la primera poza, completamente espectacular. Algún atrevido incluso se dio un baño en el agua helada.












Como pueden suponer, esas piernas no son mías. El día caluroso tentaba, cierto, pero sólo necesité meter un pie para darme cuenta de que ese baño no me estaba destinado. Tiempo habrá, aún nos quedan doce rutas por hacer. Y créanme que merece la pena.

martes, 12 de marzo de 2013

LA SOMBRA DE GREY ES ALARGADA

shojosdebella.blogspot.com
Lo pronostiqué. Sabía que la maldita trilogía traería cola. No en vano creo que es la tercera o cuarta vez que la cito en este blog. Lo de la cola es normal, teniendo en cuenta la promoción que le han hecho al engendro y el tema que aborda. Pero créanme, por mucho que ustedes se rían con mis gansadas cuando hago reseñas literarias, el tema que trae a colación otra vez al millonario dominante hasta mi humilde rincón no tiene nada de gracioso. Nada.
El asunto es que en menos de dos meses ya hemos pillado a tres alumnas de menos de diecisiete años leyendo el dichoso libro. Pillar no es la palabra, lo estaban leyendo en una hora de clase dedicada a eso, a la lectura, en la que pueden llevar el libro que quieran. Soslayando el tema de padres que parecen no preocuparse de lo que leen sus hijos, y que las chicas lo estaban leyendo con toda naturalidad, lo que me puso los pelos de punta fueron los numerosos elogios que las lectoras hicieron de la ¿obra?
Ése es el gran problema. Es cierto que todos los adolescentes son morbosos y adoran el porno y lo erótico por la parte de prohibido y desconocido que conllevan. Normal, todos hemos leído algún libro prohibido alguna vez, u hojeado una revista. No pasa nada. El problema es que la lectura de un libro que, no me cansaré de decirlo, para empezar tiene una nula calidad literaria, pueda llegar a influir en los patrones ya no sexuales, sino sentimentales, de chicas cuya experiencia en el tema tiene que ser forzosamente limitada, dada su juventud. Es decir: que las adolescentes piensen que ese tipo de relación sentimental sea la perfecta y deseable. Y me refiero a una relación de dominación/sumisión donde la mujer es poco menos que una esclava al servicio de su caprichoso señor. Y eso me lleva a otra reflexión: es imposible que en los años ochenta una novela de semejantes características hubiera triunfado. Y esta reflexión, a otra más: vamos para atrás como el cangrejo. Hemos pasado de una total revolución sexual femenina, probablemente exagerada, al rol franquista de nuestras madres, tú en casa y con la pata quebrada. Así de claro.
Las adolescentes que leen el libraco éste se quedarán con lo que quieren quedarse: tío guapo y rico que se enamora de la ingenua tonta del culo hasta las cachas. Es un poco rarito, sí, pero la tiene como una reina, y está taaaaaaan bueno... ¿Qué importa que a cambio la chica tenga que vestir como a él le dé la gana, comer lo que él quiera, trabajar donde él quiera, conducir el coche (que por él no conduciría, es más, por él ni saldría de casa, probablemente) que él le regala obligándola a deshacerse del suyo, estar disponible telefónicamente las veinticuatro horas del día y otras mil naderías? ¡Es un precio tan bajo a pagar a cambio de que te estén diciendo todo el día que eres "taaaan hermosa"! ¿Pero qué clase de cursi utiliza el adjetivo "hermosa" en pleno siglo XXI? ¿Qué tiene de malo caer en las garras de un machista manipulador y obseso del control que te zurra con una fusta por poner los ojos en blanco si a cambio vives como una millonaria con una máquina de sexo? Del sexo que a él le gusta, por supuesto. Pobres chicas y, sobre todo, pobres chicos. ¿Qué pensarán ellas cuando vean que sus novios no tienen la experiencia del señor Grey, que fruncen el ceño ante la palabra "vibrador" y que creen que las bridas sirven sólo para sujetar cables? Porque está claro que el modelo sentimental que presenta "Cincuenta sombras...", aparte de no ser el deseable no es el habitual, y que el modelo sexual, que sí puede llegar a ser deseable para algunos, tampoco es el más frecuente.
Cuando empiece a ver chavales en el patio practicando nudos marineros, empezaré a preocuparme seriamente. No creo que sea para hacer el cursillo de patrón de embarcación de recreo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

J.K. ROWLING: UNA VACANTE IMPREVISTA: EXQUISITAMENTE LENTA****

www.librosconalma.net

Clasificación:
***** ¿Qué haces ahí sentado? Corre a comprarlo.
**** Cómpralo, pero no tengas tanta prisa, puedes ir mañana.
*** Pídelo prestado y olvídate de devolverlo.
** Intenta conseguirlo de segunda mano.
* El crucigrama del periódico te está esperando

Pues ya ven ustedes, en estos tiempos que vivimos, llenos de lujuria y trepidación, a mí me ha tocado pasar por un momento de virginidad absoluta. Me refiero con ello a que, aunque no se lo crean, jamás he leído (ni leeré, si puedo evitarlo) un maldito libro de Harry Potter. Así que he llegado completamente doncella hasta la primera novela "para adultos" de la creadora del mago juvenil, J.K. Rowling. De forma objetiva, sin nada con qué comparar. Y me ha encantado. En un segundo paso a explicarles por qué.
"Una vacante imprevista" desarrolla la siguiente trama: un concejal de un pueblo inglés fallece repentinamente y hay que cubrir su plaza. Tomando este hecho como pretexto, la autora nos introduce en el aterrador mundo de las miserias morales de los habitantes del pueblo.
¿Por qué me ha gustado?
1. Porque es lenta. Incluso desesperadamente lenta. Si ustedes son capaces de superar los primeros capítulos sin arrojarla al suelo, la terminarán. Estoy tan harta de leer libros cargados de trepidación que me ha resultado algo así como bálsamo para las heridas.
2. Porque es costumbrista. El narrador aprovecha para hacer un verdadero cuadro de costumbres del pueblo de Pigford (lugar ficticio) y, sobre todo, para destripar hasta las entrañas la mezquindad de sus habitantes. No he podido remediar acordarme de Agatha Christie y su señorita Marple, que decía que en un pueblo tan pequeño como St. Mary Mead podían encontrarse todas las representaciones posibles de la perversidad humana. Y Rowling no se conforma con una clase social, no. Todas ellas están representadas, desde las fuerzas vivas, encarnadas en Howard Mollison y su familia, hasta los más desfavorecidos de la sociedad, víctimas de las drogas y de la mala suerte en general. También me ha parecido un acierto absoluto la presencia de personajes adolescentes.
3. Porque no es ambiciosa. Precisamente, lo que me ha seducido es su sencillez, lo reducido de su espacio. Evidentemente, la fuerza de la novela radica en los personajes y en sus relaciones entre ellos. El ambiente pueblerino contribuye a hacer la situación más asfixiante si cabe.
4. Porque desprende cierto tufillo socialista. A Rowling se le ve el plumero, no lo puede remediar. Los personajes burgueses salen bastante peor parados que la working class, al menos moralmente.
5. Por sus personajes, evidentemente. Quizá hay un exceso de energía negativa en ellos. En ciertos momentos algunos me llegaron a generar verdadera agresividad. Lo realmente interesante es ver su evolución a lo largo de la novela y comprobar que unos van cambiando y reflexionando a medida que los hechos se suceden y otros reaccionan como el agua cayendo por el pescuezo de un pato: les resbala todo. Me ha gustado mucho la triple forma de enfrentarlos: socialmente (burgueses frente a trabajadores), sentimentalmente (las relaciones entre las parejas establecidas entre ellos) y generacionalmente (las relaciones entre los padres y sus hijos). El colectivo adolescente tiene gran importancia en la novela, de hecho es causante de gran parte de los hechos que llevan al desenlace.
6. Por los temas secundarios: la falta de autoestima, la capacidad de sacrificio encarnada en algunos personajes, la difícil relación paterno-filial, las diferentes formas de concebir el sexo y el amor, la dependencia emocional, los prejuicios sociales...
7. Por la contextualización: que me gusta lo inglés, vaya. Y no hay nada más inglés que un pueblo inglés. Con su equipo de remo, su salón de té y su club de golf.
"Una vacante imprevista" resulta, en suma, un interesante retrato de la mezquindad humana en toda su amplitud. Espero que les guste.

miércoles, 30 de enero de 2013

NOELIA AMARILLO, LA ANTÍTESIS DE E.L. JAMES

hyde80.com
Se acerca San Valentín, y suele gustarme escribir algún cuento de corte romántico para no celebrar tal fecha. Sinceramente, desde que escribí el primero, "La Cita", la cosa ha ido evolucionando insidiosamente de romántica a semi-guarrilla, así que este año con el bombardeo erótico-festivo que inunda las librerías y el mundillo de las descargas ilegales he estado buscando inspiración, sobre todo inspiración alejada de la saga Grey y productos afines que, si han leído ustedes la entrada anterior de este blog, me parecen bodrios intragables por lo desmesurado y fantástico, no por lo erótico.
Y fue así, investigando un poco y besando muchísimos sapos, como me topé con las novelas de Noelia Amarillo, escritora madrileña de libros subidillos de tono que, afortunadamente, presentan otras características interesantes que son las que me han enganchado. Empecé leyendo las dos primeras de su serie "Amigos del barrio": "Falsas apariencias" y "Cuando la memoria olvida", seguí por "Ardiente verano" y "Quédate a mi lado" y acabo de terminar "¿Suave como la seda?", la tercera de los amigos del barrio. No he podido evitar hacer comparaciones con el material que seduce a las porno-mamás. Las comparaciones son odiosas, ya lo sabemos, pero una vez más el producto patrio gana por goleada. Ya no sólo por la ausencia de fantasmadas varias: nada de ricachones, nada de helicópteros, ni coches caros, ni rascacielos kilométricos, sino también porque en sus historias la trama principal y el carácter de los personajes desplazan, que no empequeñecen, a las escenas de sexo. Escenas tanto o más picantes que las de Grey y compañía. Y mejor descritas.
La  normalidad, en el mejor sentido de la palabra, parece ser la tónica dominante en la obra de Noelia Amarillo: chicos de barrio, del cinturón sur de Madrid, o personajes de algún pueblo de España, con sus alegrías y sus miserias, con los problemas que cualquiera de nosotros pueda tener: buscar trabajo, aguantar a la familia, llegar a fin de mes... Entornos familiares entrañables, ropa de Zara, coches viejos, cañas y tapas de patatas bravas, excursiones al río, paseos por el parque, gimnasios o centros de día para ancianos, esos suelen ser los espacios y situaciones donde la autora contextualiza sus historias. Y es precisamente esa ambientación cotidiana y costumbrista lo que hace que, por contraste, sus explosivas historias de amor resulten, aparte de más creíbles, mucho más cautivadoras para el lector. Aparte de tramas bien construidas y desarrolladas, aunque con final feliz previsible, como mandan los cánones del género, hay que destacar la caracterización psicológica de los personajes, para mi gusto lo mejor. Tal potencial le veo a le veo a la autora que me gustaría verla brujulearse en otros géneros menos "calientes", no dudo que saldría airosa de asunto.
En cuanto a los elementos típicos del género, por supuesto que no prescinde de ellos: protagonistas masculinos guapos, mucho sexo y mucha pasión, algún que otro malentendido y personajes malotes que pueden estropear la tórrida relación entre los protas. Quizá para mi gusto hay un pelín de más de monólogo interior, demasiadas comeduras de coco de los personajes, lo que no le quita entretenimiento a la lectura, pero ralentiza el desarrollo del argumento.
Concluyendo, que ya de meterse a leer novelas tórridas, esta autora es de lo más recomendable. Espero con ansias la cuarta entrega de los "amigos del barrio".



martes, 13 de noviembre de 2012

NOVELA PARA PORNO-MAMÁS: LAS CLAVES

Parece ser que hay un subgénero nuevo dentro de la narrativa actual: la novela para porno-mamás. Se refiere ésta a novela erótica escrita por y para mujeres del tramo de edad comprendido entre los treinta y pico y los cincuenta años. Por supuesto, tengo mucho que decir sobre el término, que me parece una completa soplapollez y más después de haberme ¿solazado? con alguno de los títulos que supuestamente pertenecen a tal género. Disiento por todos los lados. Sí estoy de acuerdo en que es literatura para mujeres, ningún tío aguantaría sin dormirse más de veinte páginas, aunque conozco a alguno que ha leído algún título. ¿Pero el tramo de edad? Para empezar, los protagonistas de estas historietas no llegan a los treinta años. En fin, que oí hablar de tal engendro en un programa de radio con motivo de la publicación en España de la terrorífica "Cincuenta sombras de Grey" y, picada por la curiosidad (y sólo por la curiosidad, no me gusta el porno), allá me lié la manta a la cabeza, dispuesta a enfrascarme en tan magna obra que hace que sea leída con una sola mano por cientos de miles de americanas. Como habrán supuesto, la otra no la usan para acunar al niño. Y, como siempre, la cosa me olió sospechosamente a best-seller barato y me aproximé de uñas. No en vano, no puedo confiar en que el porno venido de un país donde la sodomía es delito incluso dentro del matrimonio en algunos estados sea porno de verdad.

Mi sexto sentido no me defraudó. La trilogía Grey es como su nombre: gris. O quizá color marrón caca, puesto que es una de las mayores mierdas que me he echado al coleto, y eso que creí que después de Federico Moccia nada podía ser peor. Pero aún así, me tragué la trilogía. Y no contenta con ello, cuando Sylvia Day publicó los dos primeros volúmenes de la trilogía Crossfire, también me los cepillé (en el buen sentido de la palabra, por supuesto). Y por hacer un análisis comparativo y no desmerecer el producto patrio, cuando Megan Maxwell sacó a la venta el primer volumen de su tríada: "Pídeme lo que quieras", también me lo embaulé. Y tengo que decir, ya hablando en el plano puramente filológico y profesional, que sí, que estamos ante un nuevo género cuyas patéticas claves paso a desvelar. Aunque ya adelanto desde ahora que el producto Maxwell es bastante superior a los otros dos.
1º: Ambiente de lujo. Tanto en la trilogía Grey como en la Crossfire los protagonistas masculinos son archimillonarios como solo se puede serlo en los IUESEI (USA), antes de los treinta años. Ambiente al que arrastran enseguida a la deslumbrada protagonista femenina, que ya de follar, por lo menos que sea con un millonario. Christian Grey es el peor de todos, tan sumamente despilfarrador que utiliza un helicóptero para llevar a cenar a su chica (que jamás volverá a comprar en H&M, por cierto). Gideon Cross, el machaca de la trilogía Crossfire, lleva a su novia a todos los locales de copas de su propiedad para que nadie ose ponerle una mano encima. El prota de nuestra novela patria, Eric Zimmermman, es jefazo de empresa pero no alardea tanto, caray. Y eso lo hace más humano, a pesar de que los alemanes últimamente no tienen muy buena prensa en nuestro país. Evidentemente, estos señoritos no viajan en turista, ni duermen en pensiones, ni comen en tascas inmundas. Prepárense para el lujo y el glamour.

2º: Protas masculinos que no son de este mundo. Por varios motivos, el primero ya indicado más arriba, lo de estar podridos de pelas y tal. Por si esto fuera poco, además de estar buenísimos sin opción a discusión, están dotadísimos y saben cómo usar tal sobredotación. Y tienen un aguante digno de estudio médico. El punto flaco: les va el mal rollito por traumas infantiles variados: al Grey le mola el sado y al Zimmermann le gusta mirar y el sexo en grupo. Cross es más normalito. Todos tienen en común un exageradísimo afán de posesividad y unos celos patológicos. Grey llega a coger a su pareja por los bajos y decirle: "Esto es mío ¿entiendes?" Y la otra imbécil va y se derrite. Viva la liberación de la mujer, sí señor. Otra cosa chunga: eligen a sus parejas por capricho puro y duro.

3º: Protas femeninas normalitas e incluso pardillas. La de Grey, Anastasia Steele, es tan idiota que deberían regalar un muñeco con su efigie para darle de hostias mientras lees. Por si fuera poco, es virgen, pobrecilla, y tiene que ir a caer directamente en las fauces del lobo feroz Grey. Eva Trammell, la novieta de Cross, tiene lo suyo: fue violada de niña y su compañero de piso es un modelo gay con ninfomanía compulsiva, pero aún así no puede remediar sentirse deslumbrada ante la grandeza (tómenselo como quieran) de lo que se le avecina. Judith, nuestra prota patria, es una oficinista normal y corriente, incluso entrañable. Ah, todas tienen su propio admirador plasta y odiado por el prota. Por cierto... si lo que han querido es que las lectoras nos veamos identificadas con las protas por si algún día nos sucede algo así, que vayan poniéndoles unos diez-quince años encima a todas, si es que realmente este género es para marujas cuarentonas. ¿Me van entendiendo ustedes? Además, el absoluto desfase entre lo grandioso de los protas masculinos (millonarios, guapísimos, superdotados, expertos en el kamasutra) y lo normalucho de las femeninas (mileuristas, monillas, delgaduchas y adictas al misionero) me parece un completo agravio comparativo, aparte de predisponer a las protas a la estupidez mental.
4º: Trama compuesta por un sencillo hilo argumental: chico encuentra chica+los polvos subsiguientes+rupturas y reconciliaciones. Las rupturas siempre vienen motivadas por celos y malentendidos, puesto que la única relación que parece unir a los protagonistas es el bailar el mambo horizontal y, fuera de eso, la comunicación es más bien escasa, dando lugar a no pocos enredos, como he dicho antes.
5º: Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir amor. No nos engañemos, me lo podrán pintar de verde (nunca mejor dicho), pero estas novelas no son pornográficas y casi ni siquiera eróticas. Son unas pasteladas románticas dignas de Corín Tellado. "Cincuenta sombras..." es especialmente cursi y ñoña, todo el santo día con el te quiero y el te amo a cuestas. Un verdadero coñazo, de verdad. Para vomitar. Nuevamente, Maxwell sale ganadora en este ítem. Es la menos pastelona de todas.
6º Mucho, mucho, mucho sexo. Pero vamos a ver... el sexo es una cosa limitada, sobre todo entre dos. Leídos tres o cuatro polvos, leídos todos. Por eso el porno es tan sumamente aburrido, no hay de dónde sacar... ¡y menos para una trilogía! Así que las tres autoras han optado por meter algún detalle morboso a su historia. En el caso de Grey, su adicción al sado, que se queda bastante en agua de borrajas. Sí, tiene una habitación secreta con fustas y esas cosas, pero cuatro azotillos y unas bolas chinas no convierten a nadie en amo y/o sumiso, sorry. Claro que las yanquis flipan con todo, así que les habrá parecido el colmo de la depravación. En el caso de Cross ni siquiera eso, todo muy normalito y muy pasional, eso sí, pero a cambio la historia no-sexual de los protagonistas es más interesante que la de los Grey. Un apunte: el tema de sexo anal se soslaya bastante en ambas trilogías. ¿Recuerdan lo que les dije un poco más arriba sobre la prohibición de tales prácticas en algunos estados americanos? Pecado, pecado.
Mucho más arriesgada es la apuesta de Maxwell en su novela, tanto por el tema morboso elegido (el voyeurismo y el sexo en grupo) como por su tratamiento, su fuerza descriptiva y su osadía. Bien por ella, si tiene que ser porno, que lo sea hasta el fondo (y créanme, nuevamente no es un juego de palabras).
7º Final feliz, of course. Bueno, en el caso de Sylvia Day y Megan Maxwell aún faltan entregas, así que está por ver. Mucho me temo que en ambas será aquello de "fueron felices y comieron perdices". Pobre porno-mamá, qué difícil se le va a hacer volver a su vida de siempre después de tanta trepidación.
En fin, supongo que mi postura (sigo sin estar de broma) en este tema es clara: en caso de que decidan pasar por la terrible experiencia de leer algo así, la mejor es "Pídeme lo que quieras" sin lugar a dudas. Con el precio que valen las otras dos créanme, si quieren emoción sexual, cómprense algún juguetillo erótico. Yo me vuelvo a mis asesinatos sanguinarios, son muchísimo más divertidos.


 

miércoles, 31 de octubre de 2012

INDISCRECIÓN, Charles Bulow****

epubgratis.me
Dirán ustedes que hacía mucho que no reseñaba ningún libro. Contesto yo que total, para la mierda que he estado leyendo últimamente y para hacer, como siempre, críticas negativas, como que no me apetecía, y eso que algunas me lo han puesto a huevo y me temo que serán indirecta y negativamente citadas en la reseña que hago de la excelente ópera prima de Charles Dubow, "Indiscreción". La leí por pura casualidad, tengo un par de páginas donde aparecen las novedades y la empecé, lo confieso, con muy poca fe. Como siempre suelo hacer, pasé de leer el argumento, no me gusta que me adelanten lo que va a suceder, pero las palabras de presentación que la acompañaban ("La novela más tórrida del otoño, en la línea de "Cincuenta sombras de Grey") no me auguraban nada bueno. Aún así, decidí darle una oportunidad, y no me arrepiento.
Pero vamos a ver... ¿cómo puede alguien no distinguir una lata de foie gras de supermercado de un bloc de foie de tienda de delicatessen? Comparar el engendro de "Cincuenta sombras..." (me pareció tan mala que ni la he reseñado, como verán) con esta novela es un pecado mortal. El libro de Dubow presenta un tema manido: la infidelidad. Precisamente lo cotidiano, lo aburrido, lo más visto que el tebeo es lo que le da la calidad literaria. ¿Qué lector empedernido no habrá leído cien mil historias de cuernos, desde "Madame Bovary" hasta cualquier otra que se le ocurra? Pero los cuernos y su tratamiento siempre son rentables. 
En fin, vayamos por partes. La trama es la siguiente: Un escritor con un matrimonio perfecto se ve seducido por una chica bastante más joven que él. La novela va desgranando todas las partes del drama:   la tentación y su lucha contra ella, el descubrimiento de la infidelidad, la reacción de los implicados... todo ello teniendo como narrador al mejor amigo del matrimonio, que intenta plasmar de la forma más fiel posible todos los puntos de vista, incluido el suyo. Primera originalidad: el narrador y su perspectivismo múltiple. Bien por Dubow, parece que hoy en día nadie se acuerda de hacer un mínimo desarrollo de las técnicas narrativas.
El segundo logro, en mi modesta opinión, es el costumbrismo que aparece en la novela. Costumbrismo pijo, vale, pero realista y creíble: cuarentones adinerados con casa en los Hamptons y piso en Nueva York. Y, sobre todo, impecable análisis psicológico de los personajes: sus deseos, sus torturas íntimas, su sufrimiento y su forma de padecerlo, presentado por varias vías: conversaciones, cartas, opiniones, análisis de las reacciones... Y un tempo narrativo lento: la acción transcurre en un año, repartido en las estaciones, de verano a verano. Leerla es como volver a casa, estoy harta de tanto ritmo trepidante y tanta acción rápida. El desenlace puede intuirse, pero ya cuando es prácticamente inminente. Y hay un nosequé de justicia poética que me ha encantado.
En cuanto a la supuesta "torridez" a la que aludía la reseña que leí, yo no la he visto por ninguna parte. Hay escenas de sexo "porque lo exige el guión", creo que sin pretensión de producirle un calentón al lector, las justas, sin llegar ni de lejos al aburrimiento polvoril del bodrio Christian Grey. En fin, que aconsejo su lectura. Y no, afortunadamente, no forma parte de una trilogía.

martes, 11 de septiembre de 2012

CENANDO EN PARÍS (y IV)

La Victoria de Samotracia preside la escalinata del Louvre
Todas las fotos son propiedad de Fata Morgana
Aquí está. Orgullosa, triunfante, perfecta aún sin cabeza. ¿Cómo no iba a acabar esta gran obra de la escultura griega en un país donde rodaron tantas cabezas? La quintaesencia de la técnica del "plegado de paños" era casi el único motivo capaz de hacerme arrastrar mi maltrechísimo culo hasta el supermogollón del Museo del Louvre, palabrita del niño Jesús. Ríanse ustedes de los concursos de camisetas mojadas y recauchutamiento siliconil. Veintisiete años esperando este encuentro...

Mi marido estaba colgado por otra señora: la Gioconda o Mona Lisa, que no se iba de París sin presentarle sus respetos, vaya. Ya le advertí que el cuadro en cuestión era una mierda (de tamaño), que estaba protegido por un cristal más gordo que unas gafas de abuela y que habría unos siete millones de personas en la sala al mismo tiempo que él, pero le dio igual. Recordé que también se hallaban en el museo el cuadro "La libertad guiando al pueblo" de Delacroix y el código de Hammurabi y dije que sí, que íbamos al Louvre. Al final, no vimos ninguna de las dos cosas.

Llegando al Louvre
Acojonadita iba con la cola. Pues no, veinte miserables minutos nada más, una minucia. El acceso al museo, que, como ya comenté, tiene forma de U, se hace a través de la pirámide acristalada del centro. Supongo que ya saben que fue objeto de polémica cuando se inauguró, puesto que se da de soberanas leches con el edificio que alberga el museo.

Debajo de la pirámide, el acceso al museo

Una cola asequible

Bien, el edificio es grandioso. Tiene tres plantas abiertas al público. Cada una de ellas tiene una extensión de un kilómetro, puesto que cada una de las partes de la U mide unos 300 metros. Parece poca distancia, sí, hasta que uno se da cuenta de que lo que quiere ver dista a lo mejor un kilómetro y medio. Todo ello, por supuesto, subiendo y bajando escaleras y tropezando con los siete millones de turistas que habían ido a ver la Gioconda o Mona Lisa.
Y por fin...


...flipándolo con la Vicky
Afortunadamente, yo tuve más suerte. La Victoria de Samotracia está en lo alto de una escalinata sobre un pedestal y pude admirarla en todos sus ángulos. Realmente, lo que a mí me interesaba era la escultura egipcia y griega, lo cual no quiere decir que no me extasiara con unas cuantas pinturas. Les dejo que hagan lo propio, a lo mejor hasta encuentran algún Goya y, por supuesto, que no falte mi Caravaggio:











Y por fin llegamos a la sala donde estaba Miss Gioconda. Lo dicho, cienes y cienes de personas para admirar, por decirlo así, un cuadro enano. Imposible verlo con tal cantidad de gente delante. Como para hacerle un estudio exhaustivo, vaya... Lo siento, pero creo que la Mona Lisa está sobrevalorada, sinceramente.
La Gioconda, casi a tamaño real

Nunca hubo mujer tan fotografiada
Una vez satisfechos nuestros deseos, me dispuse a cumplir otros caprichos. Por ejemplo, ver la Venus de Milo y algunas muestras de arte egipcio:





Pero no todo puede ser perfecto en esta vida, y cuando quisimos ir a ver a Delacroix, un empleado del museo bastante maleducado nos anunció con un sonoro C'est fermé (está cerrado) que nuestro gozo se había ahogado en el pozo. Así que fuimos a consolarnos con más escultura, esta vez barroca. Algún Miguel Angel había en la muestra:






Y con esto dimos por terminada nuestra visita al Louvre, como siempre siendo ya la hora de comer. Y por la tarde, nos pegamos un paseo de los nuestros por los alrededores: Ópera Garnier, Jardines de las Tullerías y Hotel de la Ville (ayuntamiento). Algo flojillo, que de noche nos esperaba barco.

Hôtel de la Ville

Opera Garnier, esta vez de día


Entrada a los jardines de las Tullerías


Soy una ferviente admiradora de los jardines ingleses y su perfección tiralinesca, pero me encanta la vida que tienen los jardines franceses. ¡Si hasta tienen tumbonas, a buenas horas iban a durar aquí!

Bueno, hablaba yo de barco. De bateau, concretamente. Lógicamente, en París pueden hacerse excursiones por el río en los numerosos bateaux turísticos que surcan el Sena. Hay de varios tipos: el batobús, que es como un autobús con paradas fijas, y el Bateau Mouche, además de bateaux donde te dan una cena romántica y todo el rollo. El batobús es comodísimo porque tiene ocho paradas en otros tantos edificios emblemáticos, te bajas donde quieras y al acabar la visita no tienes más que esperar al siguiente batobús y subirte hasta el próximo destino. Pero todo eso preferimos hacerlo andando, masoquista que es una, y cogimos el Bateau Mouche, que hace un recorrido de una hora sin paradas por esos mismos lugares. Lo cogimos al anochecer para poder tomar fotos de la Torre Eiffel iluminada.


El reloj del museo D'Orsay no atrasaba




Notre Dame enseña su parte posterior al Sena

Maravillosa la Concergierie al atardecer









Y por fin llegó el momento: la última cena, las últimas copas y a despedirse. Salíamos al día siguiente por la tarde. Mi marido aún pudo realizar su sueño al día siguiente de hacer footing por las orillas del Sena. Yo estaba tan sumamente escoñada que no pude acompañarlo. ¡Bien que lo sentí! Ahora queda el recuerdo de tan maravilloso viaje y casi cuatrocientas fotos que ya empiezo a visualizar con nostalgia. Nos han quedado cosas por ver, por supuesto. Siempre debe quedar algo pendiente para desear el regreso. Aquí termina la crónica de nuestro viaje. Espero que os haya gustado y diré una vez más, ahora con más razón que nunca, eso de: ¡Au revoir!